NO MATEN LOS RECUERDOS, ESTÁN VIVOS
Me considero una persona bastante nostálgica, que valora bastante los recuerdos y sobre todo los escenarios en que estos se llevaron a cabo. Por ejemplo, al pasar por la vereda de mi escuela, no puedo evitar detenerme unos minutos y quedarme rindiendo tributo a aquellos años. En ese instante vienen a mi mente mil y un recuerdos de mi niñez, los profesores de la escuela, algunos más gritones que otros, pero todos entrañables. El director y sus esmerados discursos de fin de año. La época de entrega de notas al final del año escolar y ese enquistado cosquilleo abdominal en las horas previas. Me parece ver desfilar a los compañeros, vestidos impecablemente con los cuadernos en la mano. En fin, se que sólo son recuerdos, pero estos tienen mucha valía para mí y guardo un profundo respeto por estos momentos. En seguida me doy cuenta que el show debe continuar y prosigo mi camino. Junto a esto me he dado cuenta que soy muy apegado a las cosas, me cuesta una barbaridad deshacerme de la ropa que ya no me queda porque la asocio a momentos vividos y les asigno una tremenda carga emotiva. Sin ir muy lejos, hace menos de dos años que tuve que deshacerme del viejo refrigerador de casa, a decir verdad no era tan viejo, quiero decir que nadie es viejo a los 30 años. Lo que sucedía tras bambalinas era que ese refrigerador estuvo allí desde antes de mi nacimiento, al deshacerme de este, sentí como que traicionaba a un hermano. Mi familia cree que tengo un desorden mental pero no es así, hay más de una persona entre ustedes que piensan como yo, estoy seguro. Claro que de ahí a manifestarlo y hasta protestar, hay un gran trecho. Y estos últimos años han sido bastante fuertes para quien escribe pues otro artefacto que tuvo que abandonar mi casa fue la cocina, aquella pequeña compañera donde mi abuela cocinó tan deliciosos platos y tan soberbios postres tuvo que ser desechada por vieja. Si algo se pudiera hacer…
Los cachivaches son todo un tema para quien escribe. Si vieran como están mis cajones. Allí yacen juguetes de mediados de los años setenta y tengo toda una legión de personas entre amigos y compañeros de trabajo que constantemente me están azuzando para que los ponga a la venta por Internet. Ellos aseguran que podría hacer una pequeña fortuna si vendo estos juguetes pues hay muchos coleccionistas que gustosos se disputarían estas piezas de colección en una reñida y ardorosa subasta. Y lo mejor del caso es que mis juguetes están en perfecto estado pues tengo una cómplice secreta. En efecto, mi madre. Ella cree que no lo sé, pero es la encargada de limpiar y darle mantenimiento a estos juguetes y dejarlos en el mismo “orden” en que estaban. Es materialmente imposible que tras casi tres décadas de confinamiento, mis juguetes se hayan conservado tan nuevos como el primer día en que fueron depositados en mis manos. A mi no me picó ese bichito que hace que la mayoría de los niños quieran hacer las veces de investigador o científico y destruyan los juguetes para ver qué tienen por dentro. Bastaría con ver la colección de muñecos que tengo de la película Star Wars o los cuatro Beatles por los que me han llegado a ofrecer más de 200 euros (por cada uno). Justo el otro día estaba revisando algunas cosas y repasando grandes recuerdos y me topé con los álbumes que pude juntar en la época de la escuela. Aquel mágico mundial celebrado en nuestro país yace registrado en un álbum que pude completar, no falta ni un cromo y está como nuevo, ni siquiera huele a guardado y seguramente habrá más de un interesado en el mismo. Pero no. No está en venta.
Y una de las más recientes angustias que se han instalado en mi persona es a propósito de la noticia que anda circulando por el vecindario. Parece que la vieja tienda de Alberto cerrará sus puertas luego de más de 40 años de atención ininterrumpida. En efecto, este será el último año que el viejo Alberto nos atenderá pues cree que ha llegado el momento de su retiro. Nuestro viejo tendero nunca tuvo hijos lo que hace inviable un traspaso o herencia familiar que permita a la bodega seguir en funcionamiento. Por otra parte hemos sabido que muchas personas están interesadas en adquirir este negocio que además esconde la propia casa de Alberto tras de sí. Esperamos lograr convencerlo en estos meses de que no ponga punto final a ese ser casi animado que es su bodega.
LOS TRABAJADORES VERSUS LOS ESTUDIOSOS
No sé cómo estará la currícula actual en las escuelas pero creo que es necesario que se incluya algún curso de aspectos laborales como materia obligatoria de estudio. En efecto, los mercados laborales actuales prácticamente exigen que los postulantes estén preparados de la mejor forma para enfrentar estos retos. Y no me refiero exclusivamente a la preparación académica que puede ser de la mejor, sino a esa sensibilidad que deben tener las personas que postulan a los puestos de trabajo. Quiero decir, deben estar actualizados en cuanto a los modelos de currículums, técnicas de entrevista y en general todo lo que implique el postular a una vacante laboral. Pienso que así como hay un curso llamado Seminario de Tesis en los últimos ciclos de casi todas las carreras universitarias, debe haber en todas las escuelas un curso que se llame Seminario para encontrar empleo o algo así. Efectivamente, las escuelas asumen que el educando proseguirá sus estudios en las aulas universitarias o en un instituto técnico, incluso contemplan la posibilidad de que los jóvenes se enrolen en las fuerzas militares pero he notado que no consideran la posibilidad de que el joven únicamente quiera terminar su etapa de estudiante poniendo punto final en el último año de la secundaria y de allí en más dedicarse única y exclusivamente a trabajar. Al menos yo recuerdo que en el último año de mi escuela secundaria, había más de diez alumnos que pensaban en ponerse a trabajar en lo que sea una vez terminada la escuela, pues tenían claro que el estudio no iba con ellos.
Generalmente estos alumnos, son los que más problemas han mostrado a lo largo de toda la vida escolar, problemas de conducta básicamente, que, por añadidura, redundan en un bajo rendimiento académico. Creo que todos los que tenemos buena memoria identificamos con nombres y apellidos a este tipo de alumnos. Quizá en un momento hayamos disfrutado con sus bromas y ocurrencias pero en el fondo, ahora que contamos con mayor criterio de análisis, sabemos que una conducta psico-social subyace de manera común a ellos. No es propósito de este post dilucidar las causas de estas conductas o tendencias sino simplemente hacer notar la falencia de soluciones o alternativas de solución que las escuelas de hoy en día deberían de mostrar. En efecto, el abanico de posibilidades para el alumno que egresa de la escuela debe contemplar todos los aspectos, incluso si el joven quiere ser religioso. Todo a partes iguales, y en ese sentido, los padres también deberían caer en el análisis profundo de la situación pues he notado que muchas escuelas dirigidas por religiosos, orientan al alumno hacia una formación relativa al clérigo, pretendiendo incorporarlos al sistema eclesiástico del país en cuestión y descuidando un poco el área de las ciencias por ejemplo. Los padres deben estar atentos a estas propuestas y conversar constantemente con el hijo para ver si se siente cómodo conforme pasan los años y va adquiriendo conciencia del perfil de la escuela en que esta matriculado. Esto no afectaría la decisión de cada entidad escolar de profesar o hacer énfasis en la orientación que desea para sus alumnos, así habrían escuelas con mayor avocación al las ciencias, otras a las letras, otras al fuero religioso y otras tantas al fuero castrense y el educando podría elegir. En este sentido, el Ministerio de Educación debería dar las facilidades del caso para que el cambio de escuela se pueda hacer efectivo sin mayores complicaciones y trabas burocráticas.
En mi caso, recuerdo que durante los últimos años de primaria, me sorprendió ver a varios compañeros de promoción trabajando durante sus vacaciones. Y digo sorprendió porque en esa época todos teníamos 12 años aproximadamente, era el paso de la primaria a la secundaria y de la niñez a la pubertad en buena cuenta. El hecho es que casualmente este grupo de chicos eran los que siempre habían mostrado los problemas de adaptación que mencioné. Casi todos habían repetido de año en uno u otro momento de la escuela primaria y ahora todos compartían el mismo lugar de trabajo. Sin duda guardaban estrecha relación en época de vacaciones y unos a otros se habían pasado la voz de aquel trabajo. El centro de labores e cuestión era un supermercado y el trabajo era muy sencillo, a la medida de un entusiasta púber. Lo que debían hace era encargarse de embolsar las compras de los clientes y guiarlos en el cochecito hasta su automóvil. Un trabajo bastante sencillo y que además de remunerado presentaba el atractivo de las propinas. Siempre que iba al supermercado los veía trabajando, incluso en los fines de semana, claro que los sábados por la noche, eran los que más dinero cargaban y por tanto tenían las mejores chicas de la escuela, pero esa es otra historia.
El hecho es que al paso de los años, se fueron perfilando como los trabajadores de la promoción, se les podía criticar su falta de aplicación en los estudios y hasta la inconducta, pero la falta de ganas e iniciativa para el trabajo no les podía ser echada en cara. Ultimadamente ese es el objetivo en esta vida, trabajar. ¿No? Bueno, pues así arribaron al último año de la secundaria, trabajando todos los veranos y cargados de dinero durante todo el resto del año escolar. Cuando fue el tiempo en que los demás buscábamos academias para matricularnos y empezar a prepararnos para la vida universitaria, ellos veían el final de la etapa escolar como un gran peso que se quitaban de encima y un período en que podrían trabajar a tiempo completo durante todo el año. En verdad, los envidio, al paso del tiempo ellos han seguido trabajando en cosas sencillas, saltando de un lugar a otro sin mayores problemas o quejas, mientras que los que han estudiado y hecho varios cursos y años de vida universitaria, se sienten muchas veces frustrados y poco apreciados en sus trabajos. Siempre quieren más dinero y puestos de poder, muchos se estancan y tienen que convivir día a día con la frustración que ellos mismos alimentaron de la mano de sus padres. Los “trabajadores”, ¿Quién como ellos?, viven tranquilos, trabajan, cobran a fin de mes, pagan sus cuentas y llevan una vida relativamente sencilla porque cuando se quedan sin trabajo saben que encontraran otro sin mayores problemas, mientas que los “estudiosos” desecharán ofertas aquí y allá y difícilmente encontrarán el trabajo que siempre soñaron. En contraparte, los estudiosos y por tanto los que más ganan, son los que llevan la batuta en cuanto a la tenencia de las mujeres más atractivas pero con tanto tiempo dedicado al trabajo y los inacabables estudios, siempre andan en riesgo de perder a la mujer. Lo dicho, los trabajadores viven sin presiones.
Colegios mixtos para nuestros hijos, por favor
Cuando por primera vez crucé el umbral que separa a los niños de los futuros hombres del mañana, es decir, cuando ingresé al colegio , y de pie en el patio, esa primera mañana gélida de abril, observando a otros niños como yo detenidos en el tiempo, mientras algunos un poco mayores correteaban y se golpeaban y se caían y eran felices, esa inolvidable mañana, descubrí por un instante, que mis padres habían depositado mi futura niñez, pubertad y adolescencia en un depósito fijo conocido como colegio para hombres.
Hombres son los militares, caracho. Pelo corto, modales caballerescos pero aguerridos, siempre dispuestos a luchar por su colegio, por su ciudad, por la patria. Listos a levantar las piernas y golpear con las suelas de los zapatos el piso al vaivén de alguna marcha castrense, entonando con el pecho inflamado de orgullo, los himnos que nos identificarían en esos 11 años de patriotismo escolar. Éramos niños preparando su carácter para enrolarse en un futuro en las huestes defensoras de nuestros valores más sagrados: el territorio, la bandera, la patria.
Ese era nuestro colegio, esa era nuestra educación. Luego descubrimos que éramos todos hombres. Y también nos dimos cuenta que todos teníamos algún pariente, vecino o conocido que, con una sonrisa aterradoramente diáfana, nos enrostraba la categoría de su Alma Mater, en la que pasaba sus días, sus mañanas, y en la que pasaría también su niñez, pubertad y adolescencia: la categoría de colegio mixto.
¿Cómo cantarían los himnos militares las niñas?, me preguntaba. ¿Marcharían también como nosotros, con el aplomo del Gordo Cruz, el genocida de hormigas del colegio? ¿Les harían el famoso corte de pelo tajador? ¿Tendrían también que pelearse en el parque Reducto, chocarla para la salida, esperar a los del Bolívar para trompearse como el varón que uno es? Un mundo de elucubraciones se abría de repente, mientras en el salón de clases lo único que lográbamos ver eran pantalones, nucas rapadas, borradores de papa y niños jugando con niños.
A estas alturas, las experiencias que viví en mi colegio las atesoro con profunda nostalgia pero me pregunto si mi vida hubiera sido distinta estudiando en un colegio mixto, con niñas, luego mujeres, a mi alrededor. Este modelo de educación ha crecido de tal manera, que cada vez son más las escuelas mixtas y menos los colegios de hombres. Aunque sobreviven por un apego a la tradición, a la religiosidad de otros, al fantasma militar en algunos, a la terquedad e infranqueable obstinación de aquellos, pienso que van a desaparecer. En un futuro cercano, todos los niños estudiarán con niñas. Podrán socializar con ellas a edades muy tempranas y estarán preparados mejor para desarrollar sus habilidades y aptitudes conviviendo con el sexo opuesto, tal cual es en la vida real a la que saldrán tarde o temprano.
Ahora que recuerdo el umbral, el primer día de clases, la mañana mojada, pienso qué hubiera sido del Gordo Cruz si hubiera marchado al lado de una niña. Dime qué fue de ti, Gordo Cruz, genocida de hormigas, amigo del colegio, de la escuela, de la marcha de la vida. Dime que nuestra educación fue la mejor. Ah, claro, si pudieras retroceder el tiempo, sería distinto, claro. Educación mixta para todos, es cierto. Gracias, Gordo Cruz, por pensar en la educación de nuestros hijos.
El profesional de educación
Todos hemos pasado por aulas escolares, pero, ¿te has preguntado alguna vez cuál es papel del profesor encargado? O, ¿qué requisitos debe cumplir dentro del aula? Es cierto que muchas veces no hemos recibido el apoyo que esperábamos de parte de nuestros maestros, sin embargo, existen formas de mejorar ésta labor tan loable. A continuación una síntesis de las principales funciones de un profesional de educación.
Para comenzar, es muy importante incentivar el trabajo y el aprendizaje en equipo. Luego de dar las premisas necesarias, debemos dejar que los niños trabajen solos. La función del profesor pasa a ser más bien la de un organizador, es decir, quien da las indicaciones, quien se encarga de proveer los materiales didácticos, pero, a la vez, es quien se encarga de evaluar la capacidad autodidacta de los alumnos.
Para tener todo bajo control dentro del aula, el profesor debe decidir el tamaño y la composición del grupo, esto quiere decir, que debe encargarse de asignar un rol a cada miembro. Otra tarea importante es la de supervisar y orientar los diferentes procesos en el aula. Esto significa que debe vigilarse constantemente el trabajo de los grupos, con el fin de lograr que trabajen juntos y no de forma individual. También es tarea del docente demostrar que un grupo ha trabajado bien mediante un premio o, reconociendo sus logros con frases de elogio.
Cuando los procesos en grupo no transcurren de manera óptima, en muchos casos será necesario que el docente delegue a los alumnos del grupo la responsabilidad personal de lo que ocurre. Por ejemplo, cuando un niño actúa de manera conflictiva y altera la armonía del grupo, es necesario que el profesor converse personalmente con él, podría decirle lo siguiente: “comportándote de ésta manera no solo te dañas a ti mismo, sino a todos los demás miembros del grupo”. También podría tener un efecto positivo el hecho de señalar como observador a un miembro del grupo. Su tarea consistiría en apuntar cierta conducta de los demás miembros del grupo, pero sin intervenir de ninguna forma, ya que no queremos que el resto se aparte de quien cumple con este rol. Una estrategia para controlar a un niño que actúa de manera fastidiosa es asignándole el rol de observador. Al tener que apuntar el comportamiento fastidioso de otros alumnos, es probable que en la siguiente sesión, cuando sea otro el que se encargue de ser el observador, se comporte de mejor manera, ya que pudo comprobar en su momento lo molesto de este tipo de actitudes.
La supervisión por parte del docente también incluye calcular los avances individuales y otras habilidades de los alumnos. Asimismo, dar información (feedback) acerca de estos avances y habilidades a cada alumno y al grupo es una parte esencial de la tarea del educador. Sin embargo, a pesar de cumplir adecuadamente con todas estas tareas de organización y supervisión de los procesos de grupo, el profesor debe ser consciente de que él no puede determinar por completo todos ni cada uno de los procesos en particular, ya que cada grupo tiene su propia dinámica. Además, con respecto a los temas aprendidos, a la hora de revisar un examen o una práctica, es más importante prestar atención a la manera en que los alumnos llegan a una respuesta y no tanto a la exactitud de la misma.
También se necesita ser flexible con respecto a la rapidez con que se alcanzan los objetivos de aprendizaje cuando se trabaja en grupo, ya que no todos tendrán la misma rapidez. Se puede intentar dar estímulos adicionales a los grupos que sean más lentos.
Finalicemos recordando los pasos más importantes: delegación de roles y trabajo en equipo, aprendizaje y flexibilidad, los niños te lo agradecerán.
¡Aprendamos seguridad vial!
Acaban de finalizar las clases en una escuela primaria, y como de costumbre, los niños abandonan sus instalaciones cansados, jugando y saltando sin la mayor prevención, sin tomar en cuenta que están cerca de calles importantes por donde transitan todos los días cientos de vehículos de transporte público y privado. Los padres de Marta están ocupados en el trabajo y la nana, no pudo avisar a tiempo que no pasaría por la niña. Marta un poco angustiada, está segura de recordar todo el camino hacia su casa. Sí, ella sentía que ya era hora de comenzar a ir por cuenta propia. A sus ocho años, nunca se había puesto a pensar lo importante que era fijarse en las pistas antes de cruzar, de mirar varias veces y de verificar hacia la izquierda, luego a la derecha. ¿Qué significaban las líneas blancas dibujadas en el suelo? No tenía la menor idea. Esos aparatos amarillos con luces de tres colores sí que le resultaban familiares, los había visto muchas veces al salir con sus padres, o en la clase de… ¿De qué? Ah, educación vial, desgraciadamente no le prestó atención.
Algo confundida se acercó a los demás niños que pasaron corriendo a un lado de ella, cruzaron hacia el otro lado. Ella, luego de pensarlo durante unos segundos, decidió seguirlos, de todas formas, por esa ruta tenia que ir. Cuando volteó parecía ya muy tarde, el sonido del claxon era ensordecedor, ya no había tiempo de correr. Por suerte, una persona mayor que la había observado desde que salió del colegio, le llamó la atención esta niña tan pequeña y confundida, decidió seguirla. Antes de que pasara una tragedia logró cargarla en sus brazos y pasar al otro lado sin que ocurriera ningún accidente.
El automóvil venía a mucha velocidad, por eso los niños que cruzaron antes que Martha, lo hicieron corriendo, pero ella, que no comprendía todas las señales de tránsito que hay en el la calle, no sabía de precauciones, por eso cruzó sin darse cuenta que un auto se acercaba rápidamente. Por poco y ocurre una tragedia, no solo por la negligencia de la persona encargada de esta niña, sino porque Martha, no podía recordar algo tan importante como la educación vial. No sabía los significados de las luces del semáforo, ni de precauciones al momento de cruzar una pista.
Esta vez no sucedió nada grave, pero todos los días en el mundo ocurren accidentes de tránsito que cobran la vida de cientos de personas, y no solo por la conducta inadecuada de los choferes, sino también de los peatones. Estos, conocen las normas de tránsito, sin embargo no fueron concientizados desde pequeños sobre su importancia. Como resultado, en el mundo mueren al año aproximadamente medio millón de personas, mientras que 15 millones resultan heridas. Se sabe que el factor humano es el principal culpable de los accidentes en las pistas, por lo tanto la prevención debe empezar desde temprana edad, en los colegios, o con programas de conductores jóvenes, en los cuales se les incentiva el respeto de las normas de tránsito, así como se les forma para percibir los peligros y, de esta forma, conseguir unos conductores más prudentes. Considero que la prevención es lo más importante, ¿y tú?
Juegos mortales en el colegio
En busca de colegio
Educación en lo académico y en lo personal
Las preocupaciones de los escolares se encuentran muchas veces dentro de lo académico, pero pueden también llegar hasta problemas psicológicos que no encuentran solución. Ello porque en esta edad de la adolescencia se trata de buscar un elemento que identifique a la persona, con algo concreto, es decir la persona, a esta edad, ya no es un niño, y no le gusta que lo cataloguen de esa manera, pero tampoco es una adulto, que es a lo que aspira, a que lo traten con madurez y respeto; sin embargo en muchas ocasiones, casi la mayoría, no se les ve de esta manera porque aun poseen actitudes y aptitudes que no son del todo maduras y no contribuyen a que las personas de su entorno los consideren como ellos quisieran.
Por ello, el colegio, que es donde los adolescentes reciben su educación, a parte del hogar, debe ser el lugar propicio para que esta etapa difícil de llevar en la vida se acomode mejor a las situaciones que se viven. Esta es la razón por la cual en todo colegio, o centro educativo se debe contar con un departamento de conserjería de educación, con el fin de ayudar a los estudiantes, ya que los problemas que tengan en un momento determinado pueden repercutir muy seriamente tanto en su vida en general como en determinadas actividades que realiza, y por ende puede afectar su proceso educativo de forma muy seria dañando su forma de captar los datos que le son proporcionados por los profesores oque debe aprehender de forma personal de textos, material audiovisual o trabajos de campo, que también son formas de enseñanza y aprendizaje dentro del proceso educativo, no sólo escolar sino general.
Así, el tener en el colegio, por ejemplo un psicólogo que se encargue de tratar con los alumnos, por lo menos una vez al mes, y que además se encuentre libre para atender alguno en especial que necesite de su ayuda o de un consejo es muy importante en el desarrollo de la persona, ya que de esta manera puede tener la seguridad que los problemas que debe afrontar tiene solución y sobre todo no son tan graves como muchas veces se puede pensar, de manera que al ser ayudados por alguien, sobre todo un profesional en este campo, pueden sentir que tiene más confianza en sí mismo para solucionar algo que se está enfrentando.
Además, la presencia de un consejero para los estudiantes los puede ayudar a perfeccionar, o en todo caso limar ciertos errores que se encuentran en su comportamiento, tales como la irresponsabilidad, la falta de respeto a los demás, ala agresividad, entre otros, que son factores que deberán ir depurando si quieren ser tratados como adultos.
De esta manera, no sólo en lo meramente académico, sino también en el fortalecimiento de la persona psicológicamente, un colegio debe proporcionar los elementos necesarios a sus alumnos, ya que estos reciben todo lo que se encuentra cercano a ellos, en su entono, adquiriendo cada vez nuevos comportamientos y reacciones, que deben estar guiados no sólo por un aspecto, sino que debe llevarlos a una construcción integral de la persona.
La sociedad norteamericana y su relación con la masacre de Virginia
Tras los hechos del dieciséis de abril del 2007, una vez más Estados Unidos se vio inmerso en el mismo problema. La opinión pública no podía creer lo que había sucedido ese día. Las mismas condiciones que propiciaron otros asesinatos de igual magnitud seguían latentes en la sociedad estadounidense. Otra vez el sector de la educación fue el escenario que albergó un nuevo hecho de violencia. Nada cambió desde la masacre del instituto Columbine en 1999. La estructura social norteamericana siguió envuelta en una cultura de violencia cimentada por la televisión, el cine y el militarismo imperante de estos últimos años. Tomando como premisa lo que aconteció la mañana de ese lunes de abril, uno podría presumir que fue un hecho aislado la reacción de este joven coreano. Las opiniones han estado divididas desde que aconteció este hecho. Unos creen que esta reacción se debió a la presión psicológica y social que soportó a lo largo de su estancia en Estados Unidos. Otros en cambio sugieren que lo sucedido ese mañana de abril fue un hecho aislado que no se puede relacionar a los problemas estructurales que aquejan a la sociedad estadounidense.
Hay dos factores que han sido separados en primera instancia. Lo psicológico y el grado de influencia que tuvo la sociedad en la formación del primero. Las conclusiones a las que se han llegado en estos últimos meses indican que el factor psicológico apareció en acción cuando se mezclaron todas las características negativas de Cho Seung-Hui. Este muchacho coreano era un joven extraño, taciturno, huraño, en si se le conocía o se le relacionaba a actitudes solitarias. Otros datos que también entran a tallar en su personalidad son que era consumidor de antidepresivos y fanático de la tecnología.
Mayor énfasis se dio en los medios al perfil psicológico del asesino y al drama que vivieron las familias de las victimas asesinadas. Ambos aspectos fueron importantes de tocar, sin embargo, existió otro que no fue tocado en demasía, salvo algunas excepciones. Nadie toco en sí el hecho de la estructura social norteamericana en todo sentido. Su visión cultural, política y económica. Nadie desmembró punto por punto cada parte de la sociedad estadounidense, es decir, sus creencias y estilos de vida. Este hecho se debió analizar puesto que ha existido y existe un sistema subliminal de “control mental” por parte de los medios de comunicación estadounidenses. En términos prácticos casi no existe una libertad de información, difusión o debate. El status quo social en el que esta atrapado Estados Unidos va desde la ola de violencia en el Oriente Medio, la construcción de bases militares alrededor del mundo y la concepción “mesiánica” de utilizar la violencia para resolver los problemas.
La sociedad norteamericana está y ha estado drogada con violencia. Explícita, contradictoria, subliminal. Tan particular ha podido resultar el analizar esta problemática, que al ir investigando a profundidad los reales problemas de la sociedad norteamericana se ha llegado a la aparición de contradicciones que colindan con la estupidez y la doble moral. Esto se ha observado desde hace años al momento de analizar su perspectiva de violencia. Actualmente, las escenas de sexo en el cine pasan por un filtro para evitar que puedan herir susceptibilidades mientras que las imágenes de la sangrienta guerra en Irak son propaladas sin ningún reparo.
Otro aspecto que es importante de tocar, es como gran parte de la sociedad norteamericana está y ha estado guiada bajo el influjo del miedo que subliminalmente le ha proporcionado los medios de comunicación. En sí, concibe a otros como los que se encargan de generar sus problemas. Una de estas acusaciones subliminales ha recaído sobre los inmigrantes. La discriminación es algo común y para cada problema que aparece siempre hay un chivo expiatorio que sufre las consecuencias de las acusaciones. Primero lo sufrieron las personas de raza negra y actualmente lo sufren latinos, árabes y asiáticos por igual.
Al mismo tiempo, portar armas en Estados Unidos es algo que no ha extrañado a nadie en las últimas décadas. Existen leyes que avalan a las personas a tenerlas sin ningún problema. Conseguirlas puede ser tan simple como adquirir un juguete. El concepto de autodefensa está errado. La concepción de ésta se guía bajo los miedos que ha ido acumulando una sociedad controlada por los medios de comunicación. El hecho de adquirir armas con suma facilidad deviene de la época en que Estados Unidos salía de una guerra civil. Actualmente, la noción de esta idea se mantiene pero bajo otros preceptos guiados meramente por intereses políticos y económicos. Rechazarla implica que la administración Bush pierda los votos de los miembros de la Asociación Nacional del Rifle. Y eso no es conveniente debido a la enorme influencia que ésta posee sobre los medios. Este es el verdadero motivo por el cual se deja de lado la problemática que atañe a la prohibición para la venta de armas. Sin embargo, para que sucesos como los acontecidos en la Universidad de Virginia no se vuelvan a repetir, no es suficiente prohibir la venta de armas. Se necesita un cambio general en todas las esferas de la sociedad estadounidense para atenuar la violencia y la cultura del miedo.



