NO MATEN LOS RECUERDOS, ESTÁN VIVOS

Me considero una persona bastante nostálgica, que valora bastante los recuerdos y sobre todo los escenarios en que estos se llevaron a cabo. Por ejemplo, al pasar por la vereda de mi escuela, no puedo evitar detenerme unos minutos y quedarme rindiendo tributo a aquellos años. En ese instante vienen a mi mente mil y un recuerdos de mi niñez, los profesores de la escuela, algunos más gritones que otros, pero todos entrañables. El director y sus esmerados discursos de fin de año. La época de entrega de notas al final del año escolar y ese enquistado cosquilleo abdominal en las horas previas. Me parece ver desfilar a los compañeros, vestidos impecablemente con los cuadernos en la mano. En fin, se que sólo son recuerdos, pero estos tienen mucha valía para mí y guardo un profundo respeto por estos momentos. En seguida me doy cuenta que el show debe continuar y prosigo mi camino. Junto a esto me he dado cuenta que soy muy apegado a las cosas, me cuesta una barbaridad deshacerme de la ropa que ya no me queda porque la asocio a momentos vividos y les asigno una tremenda carga emotiva. Sin ir muy lejos, hace menos de dos años que tuve que deshacerme del viejo refrigerador de casa, a decir verdad no era tan viejo, quiero decir que nadie es viejo a los 30 años. Lo que sucedía tras bambalinas era que ese refrigerador estuvo allí desde antes de mi nacimiento, al deshacerme de este, sentí como que traicionaba a un hermano. Mi familia cree que tengo un desorden mental pero no es así, hay más de una persona entre ustedes que piensan como yo, estoy seguro. Claro que de ahí a manifestarlo y hasta protestar, hay un gran trecho. Y estos últimos años han sido bastante fuertes para quien escribe pues otro artefacto que tuvo que abandonar mi casa fue la cocina, aquella pequeña compañera donde mi abuela cocinó tan deliciosos platos y tan soberbios postres tuvo que ser desechada por vieja. Si algo se pudiera hacer…

 

            Los cachivaches son todo un tema para quien escribe. Si vieran como están mis cajones. Allí yacen juguetes de mediados de los años setenta y tengo toda una legión de personas entre amigos y compañeros de trabajo que constantemente me están azuzando para que los ponga a la venta por Internet. Ellos aseguran que podría hacer una pequeña fortuna si vendo estos juguetes pues hay muchos coleccionistas que gustosos se disputarían estas piezas de colección en una reñida y ardorosa subasta. Y lo mejor del caso es que mis juguetes están en perfecto estado pues tengo una cómplice secreta. En efecto, mi madre. Ella cree que no lo sé, pero es la encargada de limpiar y darle mantenimiento a estos juguetes y dejarlos en el mismo “orden” en que estaban. Es materialmente imposible que tras casi tres décadas de confinamiento, mis juguetes se hayan conservado tan nuevos como el primer día en que fueron depositados en mis manos. A mi no me picó ese bichito que hace que la mayoría de los niños quieran hacer las veces de investigador o científico y destruyan los juguetes para ver qué tienen por dentro. Bastaría con ver la colección de muñecos que tengo de la película Star Wars o los cuatro Beatles por los que me han llegado a ofrecer más de 200 euros (por cada uno). Justo el otro día estaba revisando algunas cosas y repasando grandes recuerdos y me topé con los álbumes que pude juntar en la época de la escuela. Aquel mágico mundial celebrado en nuestro país yace registrado en un álbum que pude completar, no falta ni un cromo y está como nuevo, ni siquiera huele a guardado y seguramente habrá más de un interesado en el mismo. Pero no. No está en venta.

 

            Y una de las más recientes angustias que se han instalado en mi persona es a propósito de la noticia que anda circulando por el vecindario. Parece que la vieja tienda de Alberto cerrará sus puertas luego de más de 40 años de atención ininterrumpida. En efecto, este será el último año que el viejo Alberto nos atenderá pues cree que ha llegado el momento de su retiro. Nuestro viejo tendero nunca tuvo hijos lo que hace inviable un traspaso o herencia familiar que permita a la bodega seguir en funcionamiento. Por otra parte hemos sabido que muchas personas están interesadas en adquirir este negocio que además esconde la propia casa de Alberto tras de sí. Esperamos lograr convencerlo en estos meses de que no ponga punto final a ese ser casi animado que es su bodega.

17/01/2008 18:42

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.