Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2008.
14/01/2008
LOS TRABAJADORES VERSUS LOS ESTUDIOSOS
No sé cómo estará la currícula actual en las escuelas pero creo que es necesario que se incluya algún curso de aspectos laborales como materia obligatoria de estudio. En efecto, los mercados laborales actuales prácticamente exigen que los postulantes estén preparados de la mejor forma para enfrentar estos retos. Y no me refiero exclusivamente a la preparación académica que puede ser de la mejor, sino a esa sensibilidad que deben tener las personas que postulan a los puestos de trabajo. Quiero decir, deben estar actualizados en cuanto a los modelos de currículums, técnicas de entrevista y en general todo lo que implique el postular a una vacante laboral. Pienso que así como hay un curso llamado Seminario de Tesis en los últimos ciclos de casi todas las carreras universitarias, debe haber en todas las escuelas un curso que se llame Seminario para encontrar empleo o algo así. Efectivamente, las escuelas asumen que el educando proseguirá sus estudios en las aulas universitarias o en un instituto técnico, incluso contemplan la posibilidad de que los jóvenes se enrolen en las fuerzas militares pero he notado que no consideran la posibilidad de que el joven únicamente quiera terminar su etapa de estudiante poniendo punto final en el último año de la secundaria y de allí en más dedicarse única y exclusivamente a trabajar. Al menos yo recuerdo que en el último año de mi escuela secundaria, había más de diez alumnos que pensaban en ponerse a trabajar en lo que sea una vez terminada la escuela, pues tenían claro que el estudio no iba con ellos.
Generalmente estos alumnos, son los que más problemas han mostrado a lo largo de toda la vida escolar, problemas de conducta básicamente, que, por añadidura, redundan en un bajo rendimiento académico. Creo que todos los que tenemos buena memoria identificamos con nombres y apellidos a este tipo de alumnos. Quizá en un momento hayamos disfrutado con sus bromas y ocurrencias pero en el fondo, ahora que contamos con mayor criterio de análisis, sabemos que una conducta psico-social subyace de manera común a ellos. No es propósito de este post dilucidar las causas de estas conductas o tendencias sino simplemente hacer notar la falencia de soluciones o alternativas de solución que las escuelas de hoy en día deberían de mostrar. En efecto, el abanico de posibilidades para el alumno que egresa de la escuela debe contemplar todos los aspectos, incluso si el joven quiere ser religioso. Todo a partes iguales, y en ese sentido, los padres también deberían caer en el análisis profundo de la situación pues he notado que muchas escuelas dirigidas por religiosos, orientan al alumno hacia una formación relativa al clérigo, pretendiendo incorporarlos al sistema eclesiástico del país en cuestión y descuidando un poco el área de las ciencias por ejemplo. Los padres deben estar atentos a estas propuestas y conversar constantemente con el hijo para ver si se siente cómodo conforme pasan los años y va adquiriendo conciencia del perfil de la escuela en que esta matriculado. Esto no afectaría la decisión de cada entidad escolar de profesar o hacer énfasis en la orientación que desea para sus alumnos, así habrían escuelas con mayor avocación al las ciencias, otras a las letras, otras al fuero religioso y otras tantas al fuero castrense y el educando podría elegir. En este sentido, el Ministerio de Educación debería dar las facilidades del caso para que el cambio de escuela se pueda hacer efectivo sin mayores complicaciones y trabas burocráticas.
En mi caso, recuerdo que durante los últimos años de primaria, me sorprendió ver a varios compañeros de promoción trabajando durante sus vacaciones. Y digo sorprendió porque en esa época todos teníamos 12 años aproximadamente, era el paso de la primaria a la secundaria y de la niñez a la pubertad en buena cuenta. El hecho es que casualmente este grupo de chicos eran los que siempre habían mostrado los problemas de adaptación que mencioné. Casi todos habían repetido de año en uno u otro momento de la escuela primaria y ahora todos compartían el mismo lugar de trabajo. Sin duda guardaban estrecha relación en época de vacaciones y unos a otros se habían pasado la voz de aquel trabajo. El centro de labores e cuestión era un supermercado y el trabajo era muy sencillo, a la medida de un entusiasta púber. Lo que debían hace era encargarse de embolsar las compras de los clientes y guiarlos en el cochecito hasta su automóvil. Un trabajo bastante sencillo y que además de remunerado presentaba el atractivo de las propinas. Siempre que iba al supermercado los veía trabajando, incluso en los fines de semana, claro que los sábados por la noche, eran los que más dinero cargaban y por tanto tenían las mejores chicas de la escuela, pero esa es otra historia.
El hecho es que al paso de los años, se fueron perfilando como los trabajadores de la promoción, se les podía criticar su falta de aplicación en los estudios y hasta la inconducta, pero la falta de ganas e iniciativa para el trabajo no les podía ser echada en cara. Ultimadamente ese es el objetivo en esta vida, trabajar. ¿No? Bueno, pues así arribaron al último año de la secundaria, trabajando todos los veranos y cargados de dinero durante todo el resto del año escolar. Cuando fue el tiempo en que los demás buscábamos academias para matricularnos y empezar a prepararnos para la vida universitaria, ellos veían el final de la etapa escolar como un gran peso que se quitaban de encima y un período en que podrían trabajar a tiempo completo durante todo el año. En verdad, los envidio, al paso del tiempo ellos han seguido trabajando en cosas sencillas, saltando de un lugar a otro sin mayores problemas o quejas, mientras que los que han estudiado y hecho varios cursos y años de vida universitaria, se sienten muchas veces frustrados y poco apreciados en sus trabajos. Siempre quieren más dinero y puestos de poder, muchos se estancan y tienen que convivir día a día con la frustración que ellos mismos alimentaron de la mano de sus padres. Los “trabajadores”, ¿Quién como ellos?, viven tranquilos, trabajan, cobran a fin de mes, pagan sus cuentas y llevan una vida relativamente sencilla porque cuando se quedan sin trabajo saben que encontraran otro sin mayores problemas, mientas que los “estudiosos” desecharán ofertas aquí y allá y difícilmente encontrarán el trabajo que siempre soñaron. En contraparte, los estudiosos y por tanto los que más ganan, son los que llevan la batuta en cuanto a la tenencia de las mujeres más atractivas pero con tanto tiempo dedicado al trabajo y los inacabables estudios, siempre andan en riesgo de perder a la mujer. Lo dicho, los trabajadores viven sin presiones.
17/01/2008
NO MATEN LOS RECUERDOS, ESTÁN VIVOS
Me considero una persona bastante nostálgica, que valora bastante los recuerdos y sobre todo los escenarios en que estos se llevaron a cabo. Por ejemplo, al pasar por la vereda de mi escuela, no puedo evitar detenerme unos minutos y quedarme rindiendo tributo a aquellos años. En ese instante vienen a mi mente mil y un recuerdos de mi niñez, los profesores de la escuela, algunos más gritones que otros, pero todos entrañables. El director y sus esmerados discursos de fin de año. La época de entrega de notas al final del año escolar y ese enquistado cosquilleo abdominal en las horas previas. Me parece ver desfilar a los compañeros, vestidos impecablemente con los cuadernos en la mano. En fin, se que sólo son recuerdos, pero estos tienen mucha valía para mí y guardo un profundo respeto por estos momentos. En seguida me doy cuenta que el show debe continuar y prosigo mi camino. Junto a esto me he dado cuenta que soy muy apegado a las cosas, me cuesta una barbaridad deshacerme de la ropa que ya no me queda porque la asocio a momentos vividos y les asigno una tremenda carga emotiva. Sin ir muy lejos, hace menos de dos años que tuve que deshacerme del viejo refrigerador de casa, a decir verdad no era tan viejo, quiero decir que nadie es viejo a los 30 años. Lo que sucedía tras bambalinas era que ese refrigerador estuvo allí desde antes de mi nacimiento, al deshacerme de este, sentí como que traicionaba a un hermano. Mi familia cree que tengo un desorden mental pero no es así, hay más de una persona entre ustedes que piensan como yo, estoy seguro. Claro que de ahí a manifestarlo y hasta protestar, hay un gran trecho. Y estos últimos años han sido bastante fuertes para quien escribe pues otro artefacto que tuvo que abandonar mi casa fue la cocina, aquella pequeña compañera donde mi abuela cocinó tan deliciosos platos y tan soberbios postres tuvo que ser desechada por vieja. Si algo se pudiera hacer…
Los cachivaches son todo un tema para quien escribe. Si vieran como están mis cajones. Allí yacen juguetes de mediados de los años setenta y tengo toda una legión de personas entre amigos y compañeros de trabajo que constantemente me están azuzando para que los ponga a la venta por Internet. Ellos aseguran que podría hacer una pequeña fortuna si vendo estos juguetes pues hay muchos coleccionistas que gustosos se disputarían estas piezas de colección en una reñida y ardorosa subasta. Y lo mejor del caso es que mis juguetes están en perfecto estado pues tengo una cómplice secreta. En efecto, mi madre. Ella cree que no lo sé, pero es la encargada de limpiar y darle mantenimiento a estos juguetes y dejarlos en el mismo “orden” en que estaban. Es materialmente imposible que tras casi tres décadas de confinamiento, mis juguetes se hayan conservado tan nuevos como el primer día en que fueron depositados en mis manos. A mi no me picó ese bichito que hace que la mayoría de los niños quieran hacer las veces de investigador o científico y destruyan los juguetes para ver qué tienen por dentro. Bastaría con ver la colección de muñecos que tengo de la película Star Wars o los cuatro Beatles por los que me han llegado a ofrecer más de 200 euros (por cada uno). Justo el otro día estaba revisando algunas cosas y repasando grandes recuerdos y me topé con los álbumes que pude juntar en la época de la escuela. Aquel mágico mundial celebrado en nuestro país yace registrado en un álbum que pude completar, no falta ni un cromo y está como nuevo, ni siquiera huele a guardado y seguramente habrá más de un interesado en el mismo. Pero no. No está en venta.
Y una de las más recientes angustias que se han instalado en mi persona es a propósito de la noticia que anda circulando por el vecindario. Parece que la vieja tienda de Alberto cerrará sus puertas luego de más de 40 años de atención ininterrumpida. En efecto, este será el último año que el viejo Alberto nos atenderá pues cree que ha llegado el momento de su retiro. Nuestro viejo tendero nunca tuvo hijos lo que hace inviable un traspaso o herencia familiar que permita a la bodega seguir en funcionamiento. Por otra parte hemos sabido que muchas personas están interesadas en adquirir este negocio que además esconde la propia casa de Alberto tras de sí. Esperamos lograr convencerlo en estos meses de que no ponga punto final a ese ser casi animado que es su bodega.