Porrajmos Rom

Puros e impuros. Dos palabras que marcaron el destino de una raza. Cruzar la delgada línea que separaba el ser clasificado en uno de estos grupos determinaba la supervivencia. Los sueños se dispersaban entre los campos de concentración. La noción clásica de los colores se perdió en medio de la inocencia ante lo que estaba por ocurrir. El odio se justificó por medio de una visión particular de la  “ciencia” y con la venia de ésta macabra perspectiva, surgieron términos como “grupos inferiores”, “higiene racial” y la tan conocida “solución final”. Al menos ese era el argumento que esgrimían Hess y Ritter al ser consultados sobre los “no arios”. Incluidos en esa lista se encontraban los “roms” o gitanos.

La historia de los “roms” al igual que la “Shoa” judía estuvo trazada por las vías del exterminio y lo irracional. Sin embargo, al ir analizando los detalles que enmarcaron su persecución uno puede dar cuenta de lo contradictorio y complejo que significó “el problema gitano” en los años de dominio nazi. El acoso, marginación y persecución hacia los gitanos no surgió con el advenimiento de Hitler al poder. Esas acciones ya estaban arraigadas en territorio teutón desde la Edad Media y de manera especial se intensificaron en la década final del siglo XIX. Ideas como la de Lutero en las que los gitanos al igual que los judíos debían vivir en “establos” sumidos en la miseria y en el cautivo era una premonición de lo que estaba por suceder cuatro siglos después. De pronto, una ciencia se posicionó en lo más alto del mundo científico a partir de 1880, y su nombre era la eugenesia. Para el inglés Francis Galton, ésta tomaba todas las influencias posibles para mejorar las cualidades innatas de una raza. De forma rápida alcanzó una gran acogida en diversos estados europeos y no europeos (Estados Unidos) teniendo entre sus adeptos a escritores anarquistas y socialistas, como el caso del británico Bernard Shaw. Sus fundamentos teóricos puestos en la práctica fueron la principal causa que generó las futuras persecuciones que sufrirían tanto judíos, gitanos y afroeuropeos. Surgieron instituciones como la “Oficina Central para Lucha contra la Molestia Gitana” que fue creada en 1899 con sede en Munich. Seis años más tarde se encargó de llevar a cabo el censo especial a los gitanos de toda Baviera. Su creación se dio con el fin de contrarrestar este “problema” y poder de esta forma tener acceso a un control exacto del número de gitanos en territorio alemán. A la par de ésta, aparecieron diversas formas de repudio contra los gitanos fuera de Alemania. Se plasmaron en actividades tales como las del Parlamento de Suabia al organizar la conferencia sobre la “basura gitana” o la creación en Viena del “Centro Internacional para la Lucha contra la Amenaza Gitana”.

 

Cinco años antes de que los nacionalsocialistas venzan en las elecciones y aún bajo el manejo de la República del Weimar, los gitanos de Alemania estaban estrictamente controlados por las autoridades. Leyes contra los nómadas, holgazanes y maleantes fueron aplicadas en su contra. 1933 fue el año decisivo para empezar a visualizar el futuro de los “no arios” en el régimen del Fuhrer. El panorama en vez de mejorar, empeoró. La Ley para la Prevención de Progenie con Enfermedades Hereditarias significó la base que permitió que el abuso tomara ribetes delirantes. Deportaciones, asesinatos y la esterilización forzosa de miles de gitanos, judíos y alemanes de origen africano fueron hechos comunes basados en los proyectos de eutanasia de Karl Bending y Alfred Hoche aunadas a las teorías raciales de Jost, Ploetz, Rudin, Bauer, Henz y Fischer. Para el historiador Robert Jay Lifton, “el nazismo” se “construyó sobre una visión biomédica que sugería la purificación racial por medios que irían desde la esterilización hasta el asesinato masivo. Una muestra de ello es la frase del lugarteniente de Hitler e ideólogo nazi, Rudolph Hess. “El nazismo es biología aplicada”.

 

La noción que se tenía de los gitanos en la Alemania nazi estaba relacionada a ser estereotipados como individuos de segunda clase y que por ende no tenía ninguna clase de derechos civiles. Es decir, no tenían acceso a la educación o algún tipo de cargo público. Eran considerados inferiores y de tendencia al crimen por el hecho de pertenecer a una raza que a lo largo de su historia se había “mezclado” con otros pueblos. Para comprobar “científicamente” el real origen de los gitanos y determinar si es que eran arios o infrahumanos, se nombró al psicólogo Robert Ritter como director del Instituto la Biología de la Población. Sus conclusiones fueron asombrosas por la poca capacidad que mostró al momento de encarar estos estudios. Los analizó desde una perspectiva pseudocientífica. El estilo de investigación que siguió fue deplorable ya que ese método guardaba distancia ante cualquier noción de la realidad. Sentaba a los niños en varias sillas, unos tras otros, y mientras les hacia una serie de preguntas comparaba sus ojos. Las respuestas dadas eran apuntadas en todo momento por sus colegas. De otro lado, les hacía abrir la boca y medía sus mandíbulas. En sí, medía todo lo que se podía medir. Los orificios de la nariz, la distancia entre los ojos, el color de estos, las cejas, la manzana de Adán, las orejas por dentro y por fuera, las manos y la garganta. Tras sus investigaciones, sostuvo que los “roms” habían sido arios en un principio, pero que tras abandonar la India se “mezclaron” en su peregrinaje por Europa y debido a esto se convirtieron en una raza híbrida y contaminada. Aquél cuya sangre tuviera una octava parte de gitano, era impuro. Tomando en cuenta esa lógica, determinó que el 90% de gitanos alemanes eran “impuros” y los encasilló como primitivos y retrasados mentales. La única solución posible era transportarlos a campos de trabajo y esterilizarlos. Teóricamente un 10% no debía acusado de “impuro” pero en la práctica todo esto quedó en el olvido. No hubo diferencias y todos fueron perseguidos.

 

Acusados con frecuencia de vivir en la mentira, el robo y la mendicidad; Heinrich Himmler crea en Munich la Oficina Central para Combatir la Amenaza Gitana. En su poder se encontraba el banco nacional de datos sobre gitanos; y de sus oficinas se expidió el 8 de diciembre de 1938 un documento clave en la actualidad. El decreto dictado por el jefe de las SS conocido como la Bekampfung der Zigeunerjetague o Luchando contra la Plaga Gitana marcó la pauta de que el “problema gitano” desde el punto de vista biológico debía ser tratado como un “asunto racial”. Entre sus principales acápites se mencionaba que todos los gitanos, itinerantes o asentados debían registrase en Munich. Se atribuía que el mayor índice de criminalidad era cometido por los gitanos no puros. Como punto final se esgrimió que el tratamiento de la “cuestión gitana” exigía que se regule su existencia en suelo alemán para que de esta forma se pueda llevar a cabo el plan de regeneración nacional. 

   

Se empieza a experimentar con diversos tipos de gases y uno de los primeros fue el Zyklon B. Para probar la eficacia de la formula se la pone a prueba en Buchenwald, lugar donde muchos niños gitanos mueren asesinados por el efecto de haber inhalado el gas. A partir de 1939 la desgracia y la barbarie se fusionaron para dar paso a una de las masacres más grandes de toda la historia. A los gitanos apresados se les empezó a  agrupar en campamentos que al final se convirtieron en guetttos. Un año más tarde los campos de concentración y exterminio en Polonia, tales como Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Chelmno, Lodz, Sobibor, Belzec y Majdanek; estaban aguardando por ellos. Desde ese instante la noción clásica del infierno se perdió en medio del horror que se avecinaba. Por casi seis años la abstracción se convirtió en realidad. El averno se había trasladado a territorio polaco. Los medios de difusión e influencia como los medios de comunicación y el cine apoyaban y motivaban a la población para que aprobara las técnicas de eutanasia propuestas por el régimen nazi. Numerosos niños gitanos menores de tres años fueron brutalmente exterminados por el solo hecho de portar la enfermedad que significa tener parte de sangre gitana.

 

De otro lado, se puso en marcha el proyecto Aktion T4 que consistía en eliminar a las personas enfermas, de sangre impura o simplemente los que eran considerados indeseables para el régimen. Morían de frío o de hambre, ó por medio de inyecciones letales. Fueron las primeras victimas en morir gaseados al inhalar monóxido de carbono. A mediados de 1941 se suspendió el plan y se dio paso a lo que se conocería como la “Solución Final”. Esta “solución” constó de tres fases que fueron llevadas a cabo en primera instancia por las Einsatzgruppen, o unidades móviles de matanza. Integradas por miembros de la SS y la policía germana, su objetivo central era asesinar a los enemigos políticos y raciales del nazismo ubicados en los territorios ocupados de la Unión Soviética. Gitanos y judíos pasaron por sus manos en Ucrania. Asimismo, una nueva modalidad de exterminio se empezó a usar con la aparición de camiones y furgonetas adecuadas para eliminar a cientos de “roms” que respiraban los gases que se vertían en su interior. La primera vez que se utilizó esta técnica fue en Chelmno, Polonia. La aplicación de cámaras de gas en los campos de exterminio fue la tercera fase de este plan que tuvo en Auschwitz el primer lugar donde se realizaron los primeros asesinatos utilizando este lúgubre método. A los gitanos que estaban recluidos en este campo se les cosió un triangulo negro en la ropa como símbolo de persona asocial y se les tatuó una Z en el brazo izquierdo.

 

Conocer el número exacto de gitanos que fueron eliminados durante el “Porrajmos” resulta una tarea complicada de lograr ya que muchos archivos de los diversos campos fueron eliminados por los propios nazis o por sus colaboradores. Este suceso no solo aconteció en Alemania, sino también en Austria, Croacia, Polonia, Lituania, Letonia, Checoslovaquia, Yugoslavia y otras repúblicas que pertenecían a la URSS en ese tiempo. En países escandinavos como Rumania, Hungría, Bulgaria y Grecia los gitanos fueron emplazados a realizar trabajos forzados mientras que gran parte de su población desapareció. La cifra promedio de asesinados bordea el medio millón de victimas aún cuando en años posteriores muchas veces se ha tratado de disminuir esa cifra. Desde su comienzo y durante mucho tiempo la “Porrajmos rom” ha sido poco valorada hasta la aparición de estudiosos gitanos e historiadores imparciales, así como de organizaciones internacionales gitanas que con su labor han servido de medios para que se  empiece a difundir y a conocer el real impacto que tuvo esta persecución y lo que significó este hecho para la raza humana. Un hecho que llamó y llama la atención hasta hoy en día fue el hecho de que en los famosos juicios de Nuremberg no se tomó la declaración de ningún sobreviviente gitano. Recién en los años cincuentas aparecieron los primeros indicios de reparación por los daños causados a la vez que se solicita la igualdad civil y de derechos. Se fundan asociaciones gitanas como la de los “Sintis” alemanes y, sobretodo con la creación del Consejo Central de los Sintis y Roma alemanes. Hasta 1986 no existió ningún reconocimiento oficial impreso de la tragedia gitana por parte del Holocaust Memorial Council en los Estados Unidos. Este “olvido” se podría explicar según declaración expresa de Linas Kojelis, portavoz de la Casa Blanca a mediados de los ochentas, debido a que el pueblo gitano al no ser un pueblo poderoso, fue relegado a un segundo plano. Por eso se le prestó poca importancia y se dejo de lado su reconocimiento.              

 

 

13/08/2007 23:00

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