La sociedad norteamericana y su relación con la masacre de Virginia
Tras los hechos del dieciséis de abril del 2007, una vez más Estados Unidos se vio inmerso en el mismo problema. La opinión pública no podía creer lo que había sucedido ese día. Las mismas condiciones que propiciaron otros asesinatos de igual magnitud seguían latentes en la sociedad estadounidense. Otra vez el sector de la educación fue el escenario que albergó un nuevo hecho de violencia. Nada cambió desde la masacre del instituto Columbine en 1999. La estructura social norteamericana siguió envuelta en una cultura de violencia cimentada por la televisión, el cine y el militarismo imperante de estos últimos años. Tomando como premisa lo que aconteció la mañana de ese lunes de abril, uno podría presumir que fue un hecho aislado la reacción de este joven coreano. Las opiniones han estado divididas desde que aconteció este hecho. Unos creen que esta reacción se debió a la presión psicológica y social que soportó a lo largo de su estancia en Estados Unidos. Otros en cambio sugieren que lo sucedido ese mañana de abril fue un hecho aislado que no se puede relacionar a los problemas estructurales que aquejan a la sociedad estadounidense.
Hay dos factores que han sido separados en primera instancia. Lo psicológico y el grado de influencia que tuvo la sociedad en la formación del primero. Las conclusiones a las que se han llegado en estos últimos meses indican que el factor psicológico apareció en acción cuando se mezclaron todas las características negativas de Cho Seung-Hui. Este muchacho coreano era un joven extraño, taciturno, huraño, en si se le conocía o se le relacionaba a actitudes solitarias. Otros datos que también entran a tallar en su personalidad son que era consumidor de antidepresivos y fanático de la tecnología.
Mayor énfasis se dio en los medios al perfil psicológico del asesino y al drama que vivieron las familias de las victimas asesinadas. Ambos aspectos fueron importantes de tocar, sin embargo, existió otro que no fue tocado en demasía, salvo algunas excepciones. Nadie toco en sí el hecho de la estructura social norteamericana en todo sentido. Su visión cultural, política y económica. Nadie desmembró punto por punto cada parte de la sociedad estadounidense, es decir, sus creencias y estilos de vida. Este hecho se debió analizar puesto que ha existido y existe un sistema subliminal de “control mental” por parte de los medios de comunicación estadounidenses. En términos prácticos casi no existe una libertad de información, difusión o debate. El status quo social en el que esta atrapado Estados Unidos va desde la ola de violencia en el Oriente Medio, la construcción de bases militares alrededor del mundo y la concepción “mesiánica” de utilizar la violencia para resolver los problemas.
La sociedad norteamericana está y ha estado drogada con violencia. Explícita, contradictoria, subliminal. Tan particular ha podido resultar el analizar esta problemática, que al ir investigando a profundidad los reales problemas de la sociedad norteamericana se ha llegado a la aparición de contradicciones que colindan con la estupidez y la doble moral. Esto se ha observado desde hace años al momento de analizar su perspectiva de violencia. Actualmente, las escenas de sexo en el cine pasan por un filtro para evitar que puedan herir susceptibilidades mientras que las imágenes de la sangrienta guerra en Irak son propaladas sin ningún reparo.
Otro aspecto que es importante de tocar, es como gran parte de la sociedad norteamericana está y ha estado guiada bajo el influjo del miedo que subliminalmente le ha proporcionado los medios de comunicación. En sí, concibe a otros como los que se encargan de generar sus problemas. Una de estas acusaciones subliminales ha recaído sobre los inmigrantes. La discriminación es algo común y para cada problema que aparece siempre hay un chivo expiatorio que sufre las consecuencias de las acusaciones. Primero lo sufrieron las personas de raza negra y actualmente lo sufren latinos, árabes y asiáticos por igual.
Al mismo tiempo, portar armas en Estados Unidos es algo que no ha extrañado a nadie en las últimas décadas. Existen leyes que avalan a las personas a tenerlas sin ningún problema. Conseguirlas puede ser tan simple como adquirir un juguete. El concepto de autodefensa está errado. La concepción de ésta se guía bajo los miedos que ha ido acumulando una sociedad controlada por los medios de comunicación. El hecho de adquirir armas con suma facilidad deviene de la época en que Estados Unidos salía de una guerra civil. Actualmente, la noción de esta idea se mantiene pero bajo otros preceptos guiados meramente por intereses políticos y económicos. Rechazarla implica que la administración Bush pierda los votos de los miembros de la Asociación Nacional del Rifle. Y eso no es conveniente debido a la enorme influencia que ésta posee sobre los medios. Este es el verdadero motivo por el cual se deja de lado la problemática que atañe a la prohibición para la venta de armas. Sin embargo, para que sucesos como los acontecidos en la Universidad de Virginia no se vuelvan a repetir, no es suficiente prohibir la venta de armas. Se necesita un cambio general en todas las esferas de la sociedad estadounidense para atenuar la violencia y la cultura del miedo.